Empiezas a correr. Lo primero que sucede es inmediato. Las células musculares queman el ATP que flota en aproximadamente tres segundos. Eso es todo. Desaparecido.
Luego entra en acción el sistema de fosfágenos. Suministra energía durante otros 8 a 10 segundos. Este es el motor principal para una aceleración rápida. Piense en un velocista de 100 metros o en un levantador de pesas. Ráfagas cortas. Alta intensidad. Si estás levantando mucho peso durante algunas repeticiones, este es tu sistema.
¿Pero qué pasa si continúas?
Si el ejercicio se prolonga por más tiempo, el sistema de glucógeno-ácido láctico se hace cargo. Esto impulsa esfuerzos de corta distancia como una carrera de 200 metros, una carrera de 400 metros o incluso una natación de 100 metros. No es bonito. No es sostenible durante horas. Se trata de esforzarse mucho por un período corto.
Finalmente, si no te detienes, la respiración aeróbica toma el relevo. Este es el motor de la resistencia. Impulsa los 800 metros lisos, los maratones, el remo, el esquí de fondo y el patinaje de larga distancia.
El cuerpo humano es una máquina asombrosa.
Mire de cerca cómo funciona. Cambia de marcha automáticamente. No tienes que pensar en eso. Tu cuerpo simplemente sabe qué hacer.





























