Cómo gestionar el estrés laboral durante la incertidumbre económica

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La economía está cambiando y el costo humano es visible en cada sala de descanso de la oficina. Las reducciones de personal, las fusiones y las quiebras ya se han cobrado cientos de miles de puestos de trabajo. Para los millones de personas que todavía están empleadas, la ansiedad es crónica. Es posible que esté realizando tareas para las que nunca se capacitó, viendo cómo despiden a sus colegas o preguntándose si su propio puesto es seguro.

No es sólo el miedo al desempleo. Es la presión. Nuevos supervisores. Vigilancia digital que rastrea cada pulsación de tecla. Reducción de los beneficios para la salud. La expectativa de trabajar más horas solo para mantener la igualdad. Todos están tensos. Todo el mundo actualiza silenciosamente sus perfiles de LinkedIn.

Perder un trabajo es devastador. No sólo te quita un sueldo. Provoca enfermedades físicas, tensiones maritales, depresión y, en casos graves, suicidio. Toda tu vida se desmorona. Tu rutina matutina colapsa. Tu círculo social se reduce. Tu cuenta bancaria se vacía. Hasta que aterrizas de pie, el estrés es implacable.

La causa fundamental: impotencia

¿Por qué este estrés se siente tan pesado? A menudo, es una sensación de impotencia. Cuando sientes que no tienes control, la depresión te sigue de cerca. Impotencia. Desesperación. Dejas de intentar cambiar la situación porque crees que nada de lo que hagas importará.

Ciertas profesiones están preparadas para este estrés. Secretarias. Camareras. Mandos intermedios. Oficiales de policía. Pasantes de medicina. Se enfrentan a altas exigencias con poca autoridad. Responden a cronogramas externos que no establecieron. Las quejas son comunes: demasiada responsabilidad, muy poco poder, descripciones de trabajo vagas, prácticas injustas.

Puedes defenderte. Sindicatos. Oficinas de quejas. Negociación directa con supervisores. Estas herramientas existen para reequilibrar la balanza.

Define tu rol

La claridad es una armadura. Cada empleado debe tener una descripción de trabajo específica y escrita. Es más que papeleo. Es un contrato que ayudas a redactar. Negociarlo disipa esa sensación de impotencia. Tú declaras lo que harás. Objetas lo que no haces. Si te comprometes, lo aceptas.

Una buena descripción del puesto tiene fecha de caducidad. Establezca una fecha de revisión. Deje que la experiencia informe la revisión. Si usted y su jefe no pueden ponerse de acuerdo sobre cuál debería ser su función, no encajan bien. Busque en otra parte. Dentro de la empresa. Afuera. Incluso en un mercado difícil, su trabajo debería ofrecer cierta satisfacción y respeto. Si no es así, te estás esforzando por nada.

Habilidades no coincidentes

Todos hemos escuchado el cliché: Encuentra un trabajo que te guste y no trabajarás ni un día de tu vida. La mayoría de los adultos pasan una cuarta parte de su vida trabajando. Si lo disfrutas, estás de suerte. ¿Pero si eres una clavija cuadrada en un agujero redondo? Duele.

El estrés laboral reduce la productividad. Pasa factura a tu mente y a tu cuerpo. Daña tu salud.

Muchas personas desempeñan roles que no les gustan o para los que no son adecuados. La solución parece simple: encuentre un trabajo que se adapte a sus habilidades. Pero eso es más difícil de lo que parece. Muchos no saben lo que quieren. Muchos no saben cómo resolverlo. El camino a seguir es turbio.

Trauma en el lugar de trabajo

Algunos trabajos son inherentemente peligrosos. Otros se vuelven peligrosos de repente. Personal de justicia penal. Bomberos. Conductores de ambulancia. Militar. Equipos de desastre. Son testigos del horror de forma rutinaria. La mayoría lo maneja bien.

Pero a veces, un evento específico persiste. Aparece en las pesadillas. Trae culpa. Miedo. Quejas físicas. Pérdida de sueño. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) no es exclusivo de las zonas de guerra. Los trabajos ordinarios pueden desencadenarlo. Un empleado amenazado. Un accidente de autobús. Un robo. Una situación de rehenes. Un tiroteo. Estos acontecimientos dejan cicatrices que no desaparecen con el fin de semana.

El entorno físico

Su propio lugar de trabajo puede causar estrés. Ruido. Falta de privacidad. Mala iluminación. Mala ventilación. Mal control de temperatura. Instalaciones de mierda. Estas no son sólo molestias. Son factores estresantes físicos.

El caos organizacional no ayuda. Los gerentes autoritarios no ayudan. Los líderes del laissez-faire que desaparecen durante las crisis no ayudan. Los estilos de gestión centrados en las crisis mantienen a todos nerviosos.

Tienes opciones. Las organizaciones laborales pueden impulsar cambios. Los tribunales se están volviendo más receptivos a las quejas sobre condiciones estresantes. Fallos recientes han presionado a los empleadores a brindar entornos más seguros y menos estresantes.

La Administración de Salud y Seguridad Ocupacional (OSHA) supervisa la seguridad en el lugar de trabajo. Si su entorno es físicamente peligroso, llámelos.

¿Si las condiciones no cambian? Dejar. La búsqueda de empleo es estresante, especialmente cuando el desempleo es alto. Pero ser derribado diariamente por un ambiente tóxico es peor. No puedes arreglar un sistema roto rompiéndote a ti mismo tratando de encajar en él.

La economía fluctuará. Los trabajos irán y vendrán. Tu salud es lo único que realmente controlas. Protégelo.