Al final todos pierden una palabra. El nombre de ese actor, aquello con lo que agarras… como se llame. Es molesto durante cinco segundos. Para las personas con esclerosis múltiple, es una pesadilla recurrente. Y una de las partes más frustrantes de la enfermedad.
No hay un interruptor mágico para apagarlo. No hay solución rápida. Pero hay maneras de vivir con ello. Incluso formas de mejorar un poco.
Por qué el cerebro deja caer la pelota
No tenemos una única explicación de por qué las palabras desaparecen. El cerebro no es un disco duro; se parece más a un sistema de archivos caótico que depende de que varios departamentos trabajen juntos.
“Al encontrar palabras, múltiples áreas del cerebro trabajan juntas”, explica Laura Hancock, PhD, neuropsicóloga del Centro Mellen de la Clínica Cleveland. Ella señala la visualización, la recuperación de la memoria, el inicio del habla y los movimientos motores reales de la boca.
Cuando una palabra no aparece, se produjo una ruptura en algún lugar de esa cadena. Quizás la conexión se desgastó. Quizás se perdió la señal.
Un estudio reciente comparó la fluidez verbal en 64 pacientes con EM frente a 73 controles. Sorprendentemente, el grupo de EM obtuvo la misma puntuación en muchas medidas. Pero les faltó eficiencia. Sus redes neuronales (las conexiones entre palabras y conceptos) eran menos flexibles. No es que las palabras no estuvieran ahí. Simplemente tomaron la ruta panorámica para salir.
Meghan Beier, PhD, que trabaja en Maryland, ve esto como un problema de velocidad de procesamiento. “Las palabras están ahí”, dice. “El cerebro simplemente no extrae la información tan rápido como debería”.
Ese retraso provoca pausas. Crea esa sensación de “punta de la lengua”. Estás cerca. Sientes una picazón en el borde de la conciencia. Pero no saldrá.
Frantz, logopeda de Johns Hopkins, señala que los factores externos empeoran la situación.
- Fatiga
- Mal sueño
- Efectos secundarios de los medicamentos
- Depresión o ansiedad
Aquí está la trampa. La gente deja de hablar para evitar el tropiezo. Se retiran. Esa falta de práctica debilita aún más las vías de recuperación.
El estrés también influye. Sobrecarga sensorial. Una habitación ruidosa. El comportamiento de la persona con la que estás hablando. Todo eso importa.
A quién llamar
Si tiene dificultades, la rehabilitación cognitiva es el estándar de oro. No es una cura, pero te ayuda a superar el desastre.
Hancock dice que necesitas un equipo. Dependiendo de sus problemas específicos, podrían ser:
- Patólogos del habla y el lenguaje (SLP)
- Neuropsicólogos
- Psicólogos de rehabilitación
- Terapeutas ocupacionales
Beier suele realizar las evaluaciones iniciales. “Hacemos pruebas de fluidez verbal”, explica. Pídale a alguien que enumere palabras rápidamente. Si tropiezan, los envía a un SLP. “Ellos son los expertos”, añade Beier. Tienen las herramientas para ayudarle a compensar.
Sin embargo, duda si hay otros problemas médicos al acecho. Si la depresión nubla su cerebro, trátela primero. Arregla los cimientos. Luego prueba de nuevo.
Frantz sigue un protocolo similar. Ella comienza con evaluaciones estandarizadas. Describir imágenes. Nombra objetos. Intente imitar una conversación real y observe dónde aparecen las grietas.
Trucos de bricolaje para palabras atascadas
La terapia es genial. Pero vives en el mundo ahora mismo. ¿Qué haces en el momento en que la palabra se desvanece?
Hancock ofrece algunas tácticas inmediatas:
- Habla sobre ello. Describe la cosa. Dale contexto.
- Visualizar. ¿Cuál es la primera letra? ¿Cuántas sílabas?
- Utilice un sinónimo. A veces, una palabra relacionada abre la puerta.
- Tómate tu tiempo. Recuerda las muertes apresuradas. Pausa.
- Cambia de tema. Sigue adelante. Vuelve más tarde si lo recuerdas. No te preocupes por el silencio.
El medio ambiente también importa. Beier señala el escenario de pesadilla: un restaurante ruidoso con un grupo enorme. Es cognitivamente agotador. Evítalo si puedes. Busque rincones tranquilos. Grupos pequeños.
Frantz enfatiza el autocuidado básico. Higiene del sueño. Nutrición. Ejercicio. Manejo del estrés. Suena como un consejo genérico. Que no es. Es combustible para un cerebro cansado.
La resaca emocional
Sucede. Mucho. “Casi todas las personas con las que hablo dicen que tienen problemas para encontrar las palabras”, dice Hancock. Usted no está solo.
Pero duele. Especialmente frente a sus compañeros de trabajo. O socios.
Tu reacción da forma a tu experiencia. Aquí hay una manera diferente de verlo.
Es probable que a otros les importe menos de lo que crees. Tendemos a amplificar nuestros propios errores. Nuestra autopercepción a menudo está sesgada. Probablemente nos moleste diez veces más que a ellos.
No es una crisis. La palabra vendrá. O no lo hará. Sucede.
No define tu valor. Quién eres como persona no tiene ninguna conexión con tu capacidad para recordar un sustantivo a mitad de una oración.
Beier señala que las emociones en realidad impactan la cognición. El estrés dificulta la recuperación. La atención plena ayuda. Mantener la calma mantiene abiertas las vías neuronales.
Sé amable contigo mismo. Date gracia. Algunos días las palabras salen con facilidad. Otros, no lo hacen. Y eso está bien.
“A veces tenemos que practicar la comprensión”, dice Hancock.
¿Qué decimos cuando no decimos lo suficiente?
