Psicobiología de Adolf Meyer: cómo la historia de la personalidad cambió la psiquiatría

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Adolf Meyer fue un psiquiatra estadounidense nacido en Suiza que reformuló la forma en que Estados Unidos y Gran Bretaña entendían las enfermedades mentales. Nacido en Niederweningen en 1866, murió en Baltimore en 1950. Sus enseñanzas no quedaron sólo en los libros de texto. Se convirtieron en la base de la práctica clínica en los países de habla inglesa durante décadas.

Cuando Meyer llegó a los Estados Unidos en 1892, ya tenía un conjunto de habilidades formidable. Se licenció en medicina por la Universidad de Zürich, obtenido bajo la tutela de Auguste-Henri Forel. Sabía neuroanatomía y neurofisiología de adentro hacia afuera. Esta experiencia técnica le dio una ventaja. Pero su verdadera innovación vino de mirar hacia otra parte. Absorbió las ideas de pensadores estadounidenses como el psicólogo William James y el filósofo y educador John Dewey. Estos hombres estaban ocupados remodelando tradiciones sociológicas y filosóficas. Meyer tomó esas influencias y las fusionó con su formación médica. Creó un concepto llamado ergasiología, también conocido como psicobiología. El objetivo era simple pero radical: integrar el estudio psicológico y biológico de los seres humanos en un marco cohesivo.

Su carrera temprana puso a prueba esta teoría. Como neuropatólogo en el Illinois Eastern Hospital for the Insane en Kankakee de 1893 a 1895, Meyer se centró en algo a menudo ignorado: historias clínicas precisas. Se dio cuenta de que los datos importaban menos que la narrativa de la vida de un paciente. Antes de que Sigmund Freud obtuviera un reconocimiento generalizado, Meyer ya sugería que los sentimientos sexuales infantiles podían desencadenar graves problemas mentales. Estaba analizando el comportamiento, no sólo la biología.

Con el tiempo, su visión cambió aún más. Llegó a la conclusión de que la enfermedad mental se debía a una disfunción de la personalidad más que a una patología física del cerebro. Esta fue una desviación importante de los modelos médicos predominantes de la época.

Continuó este trabajo como patólogo jefe de la institución mental de Worcester, Massachusetts, de 1895 a 1902. Luego se mudó a Nueva York. Se desempeñó como director de patología del Instituto de Patología del Servicio Hospitalario del Estado de Nueva York en Ward’s Island de 1902 a 1910. También enseñó psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell de 1904 a 1909.

En Nueva York, Meyer tomó plena conciencia del papel que desempeña el entorno social en el desarrollo de trastornos mentales. Esta idea condujo a un cambio práctico en el procedimiento. Su esposa, Mary Potter Brooks, comenzó a visitar a las familias de los pacientes. Sus entrevistas no fueron solo llamadas sociales. Fueron el primer esfuerzo en trabajo social psiquiátrico. Reunió el contexto que las paredes del hospital no podían proporcionar.

Meyer insistió en que el diagnóstico y el tratamiento deben tener en cuenta al paciente como una persona integral.

En 1910, Meyer se mudó a la Universidad Johns Hopkins en Baltimore. Allí se convirtió en profesor de psiquiatría. En 1914, también era director de la Clínica Psiquiátrica Henry Phipps. Permaneció hasta su jubilación en 1941.

Durante esas tres décadas, impresionó a generaciones de estudiantes. Su mensaje central se mantuvo constante. No se puede tratar un síntoma de forma aislada. Debes comprender a la persona completa.

Sus ideas le sobrevivieron. Se conservan en sus Collected Papers, publicados en cuatro volúmenes entre 1950 y 1952. Su trabajo también aparece en Psychobiology, publicado en 1957. El legado de un hombre que comenzó estudiando el tejido cerebral terminó siendo sobre las historias que contamos sobre nosotros mismos.