El trastorno de identidad disociativo (TID) es una condición psicológica compleja en la que un individuo desarrolla dos o más estados de personalidad distintos. Estos estados, a menudo llamados alters, se turnan para controlar el comportamiento y la conciencia de la persona. Para muchos, este no es un cambio fácil. A veces, una personalidad domina mientras las demás permanecen ocultas. Otras veces, los cambios son más fluidos.
¿Cómo se manifiesta el DID?
La presentación más común involucra una personalidad dominante que dirige el espectáculo día a día. Esta persona generalmente no recuerda lo que sucede cuando una personalidad subordinada toma el control. Esto se llama amnesia.
Se vuelve más complicado cuando los alters subordinados son conscientes del anfitrión dominante. Es posible que observen desde el margen, comenten las decisiones o incluso critiquen las acciones del anfitrión. Puede parecer como vivir en una casa con compañeros de cuarto que se niegan a irse.
Estas personalidades no son sólo cambios sutiles de humor. Pueden diferir radicalmente:
- Temperamento: Un alter puede ser agresivo; otro tímido.
- Lenguaje corporal: La postura, el tono de voz y los gestos cambian.
- Identidad: A menudo usan nombres diferentes.
- Rasgos físicos: Los estudios han observado diferencias en la escritura a mano e incluso en las lecturas del electroencefalograma (EEG) entre alters.
¿Estas personas separadas comparten un cerebro? La ciencia sugiere que son partes fragmentadas de un solo individuo, divididas para hacer frente a un estrés abrumador.
¿Por qué sucede esto?
El TID no es raro. Las estimaciones sugieren que entre el 1% y el 3% de la población vive con esta afección. Son millones de personas.
La teoría predominante apunta a la disociación como mecanismo de defensa. Cuando un niño se enfrenta a un trauma que es demasiado doloroso o aterrador para procesarlo, la mente separa recuerdos, pensamientos y sentimientos. Es una estrategia de supervivencia. Al compartimentar el dolor, el niño puede seguir funcionando.
Esta división a menudo no logra integrarse adecuadamente. En lugar de una identidad cohesiva, la mente construye sistemas separados para manejar diferentes aspectos de la experiencia. El trauma de la primera infancia, en particular el abuso grave, es un desencadenante frecuente. El desorden es esencialmente una solución creativa, aunque disruptiva, a un problema insoportable.
¿Se puede tratar?
El tratamiento no consiste en “curar” el TID eliminando alters. Se trata de integración. El objetivo es ayudar a las personalidades dispares a comunicarse y eventualmente fusionarse en un todo más unificado.
Este es un proceso lento. La personalidad dominante primero debe tomar conciencia de que existen otros alters. No puedes integrar lo que no reconoces. Esta conciencia normalmente sólo surge después de que el trauma original se trae a la memoria consciente y se reduce su carga emocional.
La terapia se centra en la seguridad, procesar el trauma y fomentar la cooperación entre alters. No es rápido. No es fácil. Pero para quienes padecen TID, ofrece un camino hacia una vida menos fragmentada.
El cerebro es notablemente resistente. Puede construir muros para mantener alejado el dolor. También puede aprender a derribarlos, un ladrillo a la vez. La pregunta sigue siendo si estamos preparados para afrontar lo que hay detrás de esos muros.

























