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Comprender el agonismo: por qué los comportamientos de supervivencia impulsan las acciones humanas y animales

Agonismo no es sólo una palabra elegante para referirse a pelear. Es un patrón de comportamiento de supervivencia específico que incluye agresión, defensa y evitación, todo en un solo paquete. Los biólogos prefieren este término porque saben que algo que el simple lenguaje humano a menudo pasa por alto: el impulso de acercarse y el impulso de huir a menudo comparten la misma raíz. El comportamiento real que muestra un animal depende de otros factores. La distancia al estímulo es lo más importante.

Si estás lejos de una amenaza, puedes acercarte. Si estás cerca, puedes luchar o correr. Todo es parte del mismo motor conductual.

La función central del comportamiento agonístico

Los etólogos (los científicos que estudian el comportamiento animal en entornos naturales) creen que el agonismo tiene una función principal. Regula la distribución espacial. Básicamente, ayuda a una especie a saber dónde situarse. Evita que los miembros de un grupo se amontonen demasiado.

También controla el acceso a los recursos. Esto incluye suministros de alimentos. Incluye compañeros.

Cuando un animal necesita comer o encontrar pareja, entran en juego comportamientos agonísticos. Estas son las exhibiciones, las advertencias y, a veces, las confrontaciones físicas que determinan quién obtiene qué. No se trata sólo de ira. Se trata de mecánicas de supervivencia.

Agonismo humano y actos irracionales

Nosotros también somos animales. En las sociedades humanas, las cosas se complican porque tenemos una explicación verbal. Podemos hablar. Podemos negociar.

Pero los mecanismos subyacentes persisten. El comportamiento agonista en humanos puede ser constructivo. Puede impulsar estrategias comerciales competitivas o excelencia atlética. También puede ser destructivo. Los etólogos suelen citar la guerra y el asesinato como ejemplos extremos.

Estos actos reflejan mecanismos instintivos. Al igual que la defensa territorial de los lobos o los primates, la agresión humana suele tener las mismas raíces biológicas. La pregunta no es si los humanos tienen estos instintos. La pregunta es cómo los gestionamos.

Sociobiología y supervivencia genética

Esta visión de la motivación humana sitúa el instinto en el centro. Esa postura es la piedra angular de la sociobiología. También es una ciencia controvertida.

Los sociobiólogos sostienen que el comportamiento agonístico ocurre sólo cuando mejora las posibilidades de supervivencia de los genes. Esto se aplica al individuo. También se aplica a los familiares.

La competencia por los recursos materiales no se trata sólo de codicia. Puede tratarse de valor de apareamiento. Una persona con más recursos suele convertirse en una pareja más deseable. Esto aumenta la probabilidad de que sus genes se transmitan. El comportamiento tiene un propósito biológico profundo, incluso si la mente consciente no lo reconoce.

Aprendizaje y acondicionamiento

El instinto no lo es todo. El comportamiento agonístico en humanos y no humanos está fuertemente influenciado por el aprendizaje. El condicionamiento clásico y el condicionamiento operante desempeñan papeles importantes.

Aprendemos estos comportamientos a través del modelado social. Observamos a los demás. Vemos qué funciona y qué no. Imitamos las estrategias exitosas. Aquí es donde el aprendizaje social se cruza con el impulso innato.

No se nace sabiendo cómo manejar cada conflicto. Lo aprendes. Pero la materia prima –el impulso de defender, atacar, retirarse– ya está ahí.

La línea entre el instinto y la respuesta aprendida es borrosa. Podemos cambiar nuestras acciones. Podemos elegir la paz sobre el conflicto. Pero el impulso subyacente persiste. Siempre está esperando en segundo plano.

¿Por qué seguimos recurriendo a tácticas tan primarias en el mundo moderno? Quizás nunca los dejemos atrás. Simplemente los envolvemos

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