Vitamina D y prediabetes: un beneficio marginal, no una cura

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Más de un tercio de los adultos estadounidenses (aproximadamente 96 millones de personas) tienen prediabetes, una afección en la que los niveles de azúcar en la sangre están elevados pero aún no lo suficiente como para clasificarlos como diabetes tipo 2. Si bien los niveles bajos de vitamina D se han relacionado con la prediabetes, la suplementación ofrece sólo un beneficio modesto y no debe reemplazar los cambios comprobados en el estilo de vida.

Cómo la vitamina D afecta el azúcar en sangre

La vitamina D desempeña un papel en la sensibilidad y secreción de insulina, procesos críticos para el control del azúcar en sangre. También reduce la inflamación, lo que puede alterar la forma en que el cuerpo usa la insulina. Las investigaciones sugieren que las personas prediabéticas suelen tener niveles más bajos de vitamina D, lo que lleva a preguntarse si la suplementación podría ayudar a revertir la tendencia.

Investigación limitada: pequeñas mejoras con el tiempo

Los estudios indican algunos efectos positivos, aunque están lejos de ser concluyentes. Un estudio de tres años encontró que las personas con prediabetes que tomaban suplementos de vitamina D tenían un 30% más de probabilidades de volver a niveles normales de azúcar en sangre en comparación con un grupo de placebo. Otro análisis mostró una ligera reducción en el riesgo de progresar a diabetes tipo 2: del 25% al ​​22% en tres años.

Sin embargo, no existe una dosis óptima establecida y se desconocen los efectos a largo plazo de la suplementación en dosis altas. Estos hallazgos son incrementales, no transformadores.

Los cambios en el estilo de vida son clave: la vitamina D es secundaria

Los expertos médicos enfatizan que la vitamina D no debería ser el enfoque principal para la prevención de la diabetes. Las intervenciones en el estilo de vida (una dieta saludable y ejercicio regular) son mucho más efectivas. Los estudios muestran que estos cambios pueden reducir el riesgo de progresar de prediabetes a diabetes tipo 2 hasta en 15 puntos porcentuales en tres años, un impacto significativamente mayor que el de la vitamina D sola.

“La suplementación con vitamina D es una intervención mucho más débil en comparación con los factores del estilo de vida”, dice la endocrinóloga Anne Cappola, MD. “No quiero que sea una distracción”.

Priorice primero las fuentes naturales

Antes de considerar los suplementos, es aconsejable aumentar la vitamina D mediante la exposición al sol o fuentes dietéticas, como pescado graso, huevos y alimentos enriquecidos. La ingesta diaria recomendada es de 600 UI hasta los 70 años, aumentando a 800 UI a partir de entonces. Las dosis más altas pueden ser apropiadas para personas con deficiencias documentadas, según lo determine un proveedor de atención médica.

En conclusión, los suplementos de vitamina D pueden ofrecer un pequeño beneficio para el control del azúcar en sangre en la prediabetes, pero no sustituyen las intervenciones establecidas en el estilo de vida. Dar prioridad a la dieta, el ejercicio y las fuentes naturales de vitamina D sigue siendo la estrategia más eficaz para prevenir la progresión a la diabetes tipo 2.